Evolución inmigración

Los datos de la inmigración en Navarra

En los últimos 20 años el número de inmigrantes en Navarra ha crecido en un 1.200%: en 1996 apenas llegaban a los 6.400; en 2015 se registraron más de 85.600 personas como extranjeras viviendo en la Comunidad foral. Diario de Navarra comienza así una serie de informaciones sobre dos décadas de inmigración en la región.

Texto: Edurne Navarro
Gráficos: Ana Isabel Cordobés

«A principios de los 90, Navarra era lugar de paso para la migración, especialmente del África francófona», recuerda el director de Anafe, Manolo Rodríguez. Algo anecdótico y limitado. Pero ese goteo se transformó en una oleada en poco menos de una década: entre 2000 y 2006 el número de inmigrantes en Navarra pasó de 14.600 a más de 62.300. Más de un lustro de bonanza que trajo consigo el reto de la integración.

«El primer impacto fue magrebí, aunque siempre ha habido senegaleses y subsaharianos y argelinos, por la situación política que vivía Argelia (durante el recrudecimiento de los enfrentamientos entre el Gobierno y grupos armados). Más adelante fue la llegada masiva procedente de Sudamérica como Ecuador, Perú, Bolivia. Y en los últimos años, de los países del este, como Rumanía y Bulgaria. Ahora llegan de Venezuela, Brasil y Honduras», enumera Rodríguez. Cabe puntualizar que, además de las circunstancias económicas (y en ocasiones políticas), la facilidad de entrada a España (la exigencia de visado) influye en el arribo de una comunidad determinada.

«Los modelos migratorios suelen responder a pautas culturales», agrega Esther Baztán, responsable del Programa de Mediación Lingüística e Intercultural del Gobierno de Navarra, que gestiona Anafe. Históricamente, la población procedencia de América Latina ha sido mayoritariamente femenina, mientras del continente africano, predominan los hombres. En cambio, Bulgaria y Rumanía principalmente, países que han avanzado hasta situarse en los primeros puestos, vienen en familias.

«Llegan a través de cadenas migratorias, de redes familiares y conocidos, de la misma región llegan al mismo barrio o pueblo. Hay personas de un pueblo de Magreb en un pueblo de Navarra o personas de Timisuara (Rumanía) en el mismo barrio de Pamplona”, ejemplifica Baztán.

Echavacoiz y Milagrosa son las zonas con una mayor concentración de personas migrantes, así como partes de San Jorge, Buztintxuri y la Rochapea, precisamente, barrios con los alquileres más bajos. Igual sucede con la escolarización de los menores, como destaca el Servicio Socioeducativo Intercultural, que trabaja con adolescentes recién emigrados: un 25 por ciento de sus usuarios acuden a Plaza de la Cruz, mientras en otros centros está entre un 7 y un 1 por ciento.

En relación a las condiciones de vida de esta población, Maite Ziganda, coordinadora del SEI expuso que «en muchas ocasiones se trata de familias monomarentales, por lo que dependen de un solo sueldo o de la RIS en caso de desempleo y supone dificultades de conciliación laboral y familiar». Según un informe de esta entidad, solo un 5 ciento de las familias que atienden tiene piso propio, la mayoría vive de alquiler  y un 25 por ciento en pisos compartidos por más familias, lo cual implica «un escaso margen para el esparcimiento de los jóvenes», cita dicho estudio.

Profesiones como el trabajo domestico, de interna, al cuidado de personas o limpieza copan las opciones de las mujeres inmigrantes, como la construcción y los oficios manuales para los hombres, independientemente de la cualificación que tengan.

Entre las demandas que recibe Anafe destaca una que no ha variado: la jurídico administrativa, especialmente para los extracomunitarios (la exigencia de contrato, el empadronamiento, medios económicos, garantía sanitaria, etc). Como propósitos más recientes está, más que su integración, lograr una convivencia y una interculturalidad,  que involucre también a la población de acogida, «para que estemos preparados y ellos tengan claves para incorporarse mejor», considera Baztán.

«De hecho, en ese «boom» a partir de 2000, se abrió una oficina de atención a la inmigración en Gobierno de Navarra (dentro de Relaciones Institucionales), de carácter más trasversal. Sin embargo, en la última legislatura se transformó en una sección de atención a la inmigración en Servicios Sociales (Derechos Sociales). Desde 2015, está dentro de Inclusión y Protección, como Atención a las minorías», explican Josune Legal y Agustín Otazu, de la Dirección de Atención Primaria e Inclusión Social.

Desde este departamento se facilitan recursos a la población migrante a través de convenios, en el que destaca la mediación intercultural, que gestionan Anafe y Cruz Roja, convocatorias del 0,7, subvenciones a entidades o de políticas generalistas de las que también pueden beneficiarse.

«A finales del siglo XX, las asociaciones autóctonas ayudaban a los inmigrantes con los papeles, etc… con el paso del tiempo, la población extranjera empezó a sentir cierto paternalismo y se fueron formando organizaciones de los propios inmigrantes con la intención de celebrar sus festividades, dar charlas e informar a los que llegaban de cómo funciona todo aquí», cuenta Silvia Rosa Velasquez, presidente de la Federación de Asociaciones de Inmigrantes de Navarra, de origen peruano.

Esta entidad ha viajado por toda la Comunidad para dar a conocer su trabajo y ofrecer formación en derechos y participación ciudadana”, con el objeto de dotarlas del conocimiento, herramientas y capacidades para el ejercicio de derechos, deberes y valores democráticos, y mejorar el conocimiento y la práctica de la participación ciudadana y de la lengua oficial. Además  apuestan por promover la convivencia intercultural a través del deporte, para lo que han contado con diversos proyectos estos últimos años, como el “Campeonato interbarrial de fútbol”.

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