Estela Navascués


Mi diario de Río






19 de agosto

Adiós Río 2016




Ya estoy de regreso en España, en casa. Hogar, dulce hogar. Ahora toca asimilar todo lo acontecido y hacer análisis tranquilamente de los 15 días que he pasado en la villa olímpica y que con tantas ganas he esperado vivir.

Todo llega y todo pasa. La verdad es que ha sido una experiencia que jamás olvidaré y siempre me quedará en la retina y en el recuerdo de cada deportista que estuvimos viviendo esta olimpiada.

Han sido días de muchas emociones vividas, comenzando por el viaje, la inauguración de los Juegos Olímpicos y los posteriores días. Allí he conocido y conversando con los mejores deportistas españoles y de otros países, haciendo piña entre unos deportes y otros.

Yendo a mi capítulo personal, me quedo con un pequeño mal sabor de boca, ya que el día de mi maratón, el día de la competición, no salió todo como habría deseado. El día que salió fue muy caluroso, habiendo 24 grados en la salida a las 09.30 horas. Era un día que podíamos esperar y que habíamos tratado de preparar entrenando en Soria hacia los mediodías. Las sensaciones no estaban siendo malas, el ritmo era el previsto y las piernas iban bien. La salida fue tranquila, al ritmo pactado con Abel, pero, aun así, el calor, la humedad y la brisa cálida que hacía me provocó que hacia el km 15 empezara a tener pequeños mareos, teniendo que parar en el km 23, viniéndome abajo en cuanto paré. Fui asistida en primer lugar por el público y acudieron de inmediato las asistencias médicas, quienes me aplicaron hielo y agua para mitigar ese golpe de calor que había sufrido. No había opción de haber continuado, aunque mi cabeza me decía de seguir aunque hiciera 3 horas, pero ni los médicos ni mi cuerpo me dejaron. La maratón es así de dura, de bonita, de justa o de injusta en ocasiones, pero que no podrá conmigo, como no lo ha hecho hasta ahora, así que en breve habrá que pensar en la siguiente ;).

Ahora que ya han pasado cuatro días desde mi prueba pienso en ella y me da rabia lo sucedido, pero también estoy contenta de haber podido ir a unos Juegos Olímpicos y poder decir que soy Olímpica. Estas cosas puede que pasen sólo una vez en la vida y hay que disfrutarlas al máximo, por supuesto no sin dar todo lo que una tiene en su prueba. Que nadie me dé por vencida, pues, desde luego, creo que me queda cuerda de cara a otros cuatro años para poder luchar por estar en Tokio y resarcirme de este contratiempo.

Ahora toca descansar unos días y, como todos estos últimos años, lo haré en Mijas, una ciudad maravillosa y perfecta para volver a coger ganas y con las pilas bien cargadas.

Sólo me queda decir una cosa, empezamos Road To Tokio 2020.


12 de agosto

Al lío en Río



Puuufffff. El Día D ya llega. El día más esperado está a la vuelta de la esquina. Como solemos decir, "todo llega", nada es eterno, y menos mal. Los deportistas que entrenamos, competimos y vivimos por conseguir estar en unos Juegos Olímpicos ansiamos que llegue el momento en que saltames a la palestra, el instante en el que nos ponemos ante la línea de salida y por delante tenemos una zona de lanzamiento, de saltos o la pista de tartán y el asfalto, como es mi caso. Se abre ante nosotros, ante los maratonianos, una inmensidad que, aunque finita, porque está cifrada en cuarenta y dos mil ciento noventa y cinco metros, se puede hacer eterna. Y esa dificultad, esa supuesta eternidad, es la que hace que las dudas nos asalten en estos días finales.

Yo, en mi caso, llego tranquila, pero los nervios finales son inevitables. Y estoy tranquila porque he trabajado bien, porque no ha habido contratiempos de los que hacen saltar las alarmas. Los entrenamientos están ahí, bueno, aquí, en mis piernas, en mi cuerpo y, lo que es muy importante, también en mi cabeza.

Atrás dejo horas y horas de esfuerzo, de dedicación, de entrega, ¿para qué negarlo?, sangre, sudor y lágrimas. Sé que es muy tópico, pero es que es así. Ya lo dije en alguna ocasión: estar en Río es un premio, es un regalo que he conseguido tras muchos meses, años incluso, de dedicación. Por supuesto, no lo he conseguido sola. Precisamente hace unos días llegaron a Río dos de mis pilares más importantes: Nacho y Abel, Abel y Nacho. Aunque el atletismo es un deporte individual, el grupo que hay a nuestro alrededor es fundamental. Y yo estoy muy contenta con el mío, estoy feliz teniéndoles a ellos a mi lado. Ellos son mi sombra en mitad del desierto, la fuente que ayuda a calmar mi sed, el altavoz que me despierta cuando mi cuerpo se viene abajo. Sin ellos os aseguro que yo no estaría aquí hoy, ni el domingo compitiendo en el maratón olímpico de Río de Janeiro, la competición más importante en la que un atleta puede desear llegar a participar. Mis gracias infinitas a ellos.



Y yo estoy aquí, con mis compañeras de selección. Estamos el grupo de las chicas viendo la marcha. Estar con ellas es muy positivo, pues así el tiempo se pasa mejor y más rápido. Ahora lo que más quieres es que se dé la salida y que todo salga bien para atisbar la meta allá al fondo. Y terminar la prueba en el mejor lugar posible, habiéndolo dando todo, habiendo intentado dejar el pabellón español lo más alto posible. Por ganas y espíritu no va a ser. Luego el asfalto, los kilómetros, la humedad, nos pondrá a cada una en nuestro sitio. Ese es el sino que nos marcó Filípides hace unos añitos. Con ellas, con las compañeras del equipo de atletismo, me siento arropada, bromeamos, cotilleamos, animamos a todos los españoles que van compitiendo. Sin lugar a dudas, son los mejores momentos que se pasan en la Villa Olímpica. A todas ellas, gracias, ánimo y todo mi apoyo en cada una de las pruebas en las que van a participar.

Desde ya tocará descansar, tener cuidado con la alimentación, la hidratación, los aires acondicionados. Son detalles cruciales a la hora de que, al menos, el cuerpo esté al 100% en el momento del disparo de salida y, ojalá, durante las poco más de dos horas y media siguientes.

Esta será mi última entrada antes de ponerme el dorsal y salir a por todas. Os doy las gracias por estar ahí, pero que sepáis que también estáis aquí, conmigo. Gracias infinitas.


9 de agosto

Empezando a sentir mi turno



Parece mentira, pero cada vez esta más cerca el día de mi debut en unos Juegos Olímpicos. Hasta hoy las sensaciones entrenando habían sido bastante buenas, pero hoy parece como si mi cuerpo pesara más de lo normal. Me ha costado entrenar aunque el ritmo no haya sido malo- Hablando con otras atletas que viajaron el mismo que día que yo me han comentado situaciones parecidas en su entreno. Hemos deducido que estas sensaciones pueden ser debidas al jet lag o al calor que ha estado reinando estos días, así que toca relajarse y descansar lo máximo posible de cara al domingo, ya que hay tiempo de sobra y esto es un síntoma de que nos vamos aclimatando poco a poco a Río.

Mañana pasaré por el fisio de la delegación española para que me suelte las piernas con un masaje de descarga y que gracias a ello lleguen en las mejores condiciones a la carrera. Además, seguiré un día o dos más con los baños de agua fría, que veo que me están yendo bastante bien para recuperar del calor y de los entrenos.

Por lo demás, deciros, como ya os comenté en la entrada anterior, que el ambiente en la villa es genial. Todo el mundo es igual y entre todos nos vamos ayudando en lo que sea posible.

Estos días, entre entreno y entreno, el grupo de chicas que estamos en el apartamento hemos ido visitando los variados y diversos rincones de la villa, desde las casas de los diferentes patrocinadores hasta el famoso McDonalds de la villa, donde, para comer una hamburguesa hay que hacer colas de hasta 30 minutos. Claro está que para los residentes en la villa comer allí es gratis. Para los más escépticos y mal pensados, no, todavía no las he probado jajaja, pero quizás el día después de la maratón me coma alguna.

Os seguiré contando mi experiencia estos días por la villa, un abrazo grande desde Río.

Estela Navascués



Parece mentira, pero cada vez está más cerca el día de mi debut en unos Juegos Olímpicos. Hasta hoy las sensaciones entrenando habían sido bastante buenas, pero hoy parece como si mi cuerpo pesara más de lo normal. Me ha costado entrenar, aunque el ritmo no haya sido malo. Hablando con otras atletas que viajaron el mismo día que yo me han comentado situaciones parecidas en su entreno. Hemos deducido que estas sensaciones pueden ser debidas al jet lag o al calor que ha estado reinando estos días, así que toca relajarse y descansar lo máximo posible de cara al domingo, ya que hay tiempo de sobra y esto es un síntoma de que nos vamos aclimatando poco a poco a Río.

Mañana pasaré por el fisio de la delegación española para que me suelte las piernas con un masaje de descarga y que gracias a ello lleguen en las mejores condiciones a la carrera. Además, seguiré un día o dos más con los baños de agua fría, que veo que me están yendo bastante bien para recuperar del calor y de los entrenos.

Estela Navascués

Por lo demás, deciros, como ya os comenté en la entrada anterior, que el ambiente en la villa es genial. Todo el mundo es igual y entre todos nos vamos ayudando en lo que sea posible.

Estos días, entre entreno y entreno, el grupo de chicas que estamos en el apartamento hemos ido visitando los variados y diversos rincones de la villa, desde las casas de los diferentes patrocinadores hasta el famoso McDonalds de la villa, donde para comer una hamburguesa hay que hacer colas de hasta 30 minutos. Claro está que para los residentes en la villa comer allí es gratis. Para los más escépticos y mal pensados, no, todavía no las he probado jajaja, pero quizás el día después de la maratón me coma alguna.

Os seguiré contando mi experiencia estos días por la villa, un abrazo grande desde Río.

Estela Navascués


7 de agosto

Primeros días en Río de Janeiro




Parece mentira, pero ¡ya llevo 3 días en Río de Janeiro! La verdad es que se me está pasando todo muy rápido. Lo más largo quizás haya sido el viaje de 10 horas y la espera del aeropuerto, pero desde que llegué a la Villa Olímpica el tiempo ha pasado muy rápido.

La llegada a la Villa era algo que esperaba para ver cómo estaba realmente. La verdad es que está mejor de lo que se decía, por ahora nos funciona todo y no hemos tenido problemas en el piso en el que estamos. Además, no estamos mal situados con respecto al restaurante y a otros lugares de interés de la Villa.



Como os podréis imaginar, el trasiego de deportistas, personas, periodistas, voluntarios, etc., por la Villa es inimaginable, pero se respira en general un buen ambiente y entre la delegación española igual. Aquí todos somos iguales y hay mucha camaradería entre todos.

Quería hablaros también, al hilo de la camaradería española, de la buena sintonía que hubo entre todos durante el desfile de la ceremonia de inauguración de los Juegos, donde, a pesar de lo largo que se nos hace a los deportistas hasta que salimos al estadio, disfrutamos todos mucho ¡y yo en especial! que desfilaba por primera vez en una ceremonia de este calibre.

La ceremonia fue sencillamente espectacular. Verlo desde dentro y hacerte partícipe hace que valores más el trabajo que hay detrás de todo el espectáculo que se vió, culminando con el momentazo del encendido del pebetero olímpico.

Pero esto sigue, así que he continuado con los últimos entrenos, haciéndolos de momento dentro de la villa, donde hay buenos sitios para rodar y entrenar con gente de todo tipo. Estoy teniendo buenas sensaciones por el momento, aunque el calor que nos está haciendo estos días es brutal y la humedad es muy alta.

Estos días que quedan aprovecharé para ir haciendo el cuerpo al horario de la carrera y a tratar de acostumbrarme al calor y humedad que pueda hacer el domingo.

Os doy de veras las gracias a todos por los mensajes de ánimo que me mandáis tanto por Whatsapp como por las redes sociales, ya que me siento apoyada y valorada por todos vosotros y eso es de agradecer. Obrigada.

Seguiré informando de mis próximos días por la Villa.

4 de agosto

Río de Janeiro está ahí




Si cerráis los ojos y echáis la vista atrás, a los últimos meses y temporadas encontraréis, en relación con los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, un eslogan o frase similar: Rumbo a Río, Go to Rio, Camino a Río, etc. Efectivamente, también ha sido así en mi caso. Cuando un deportista se pone como objetivo representar a su país en unos Juegos Olímpicos ha de saber que el camino será largo, muy largo, y no me refiero sólo a la distancia geográfica.

En mi caso, como atleta de fondo, como maratoniana, se podría decir que, lo mires por donde lo mires, el camino es mucho más largo que los 42.195 metros de la distancia que hiciera famosa la figura de Filípides y toda la historia que hay detrás de tan mágica cifra. Ahora mismo me resulta imposible determinar con exactitud cuándo subrayé en rojo el nombre de Río en mi mente. Sí que os puedo asegurar que hace de ello varias temporadas. Tras hacer cábalas y cuentas de todo tipo, hubo un momento en que decidimos, mi entorno familiar y mi entrenador Abel Antón, poner todas las cartas sobre la mesa y luchar y trabajar duro por estar en agosto de 2016 en Río de Janeiro.

El camino no ha sido fácil. De hecho, nada en esta vida es simple y sencillo. Menos aún en una prueba tan dura, exigente y compleja como el maratón. Si a ello le unimos que los mejores de cada país quieren vestir los colores de su selección en una de las pruebas reinas del calendario olímpico, la cosa se complica de forma exponencial. En estas últimas temporadas ha habido de todo en mi carrera: éxitos, triunfos, felicidad, alegría, felicitaciones ... pero también dolor, lesiones, dudas, críticas. Casi cada temporada hemos tenido que poner en funcionamiento la balanza para sopesar si merece la pena el esfuerzo, el tiempo, la energía. Hemos tenido que jugar muchas partidas que en más de una ocasión hicieron que la brújula girara en dirección opuesta a la de Río.

Finalmente, parece que los astros se alinearon en mi favor y ha contribuido a que los vientos soplen en dirección oeste, en dirección a Río. Dos maratones en dos meses, como los de Frankfurt y Sevilla. Dos ciclos preparatorios de ambas competiciones dejaron huella, pero tras lo conseguido en Sevilla pude ver que era posible, que yo, Estela Navascués podría estar en la marabunta que supone la familia olímpica.

Ahora mismo todo el padecimiento ha quedado atrás. También lo han hecho los obstáculos y los problemas. El camino es ahora más corto que nunca. Por delante: algo menos de 8.100 kilómetros de viaje y, lo que es más importante: los 42.195 metros del maratón olímpico.

Creedme si os digo que Río ha supuesto mucho. En el camino han quedado muchos desvelos, sufrimiento físico, a veces incluso mental y psicológico. La presión y la tensión también ha hecho de las suyas. A ello se les puede unir las pequeñas piedrecitas que no estaban en el camino, pero que, cuando te das cuenta, aparecen ante ti porque algo o alguien las ha situado ahí. Bueno, no queda nada, sólo dar el 200% de lo que tengo dentro y luchar hasta la extenuación por hacer de mi siguiente maratón un fin de fiesta especial. Considero el maratón olímpico como un premio, pero como un premio que me merezco. Sí, pues lo he luchado con todas mis fuerzas, con todas mis ganas y energías. Serán en torno a dos horas y media más de esfuerzo físico, de lucha mental contra el cronómetro, contra los hitos kilométricos, contra el asfalto y esa línea azul que marca el camino hacia el cielo ...o hacia el infierno. Ojalá en nuestro caso la opción que toque sea la primera de ellas.

Y el maratón quedará atrás. Y serán muchos los recuerdos, los instantes, las fotografías. Tocará disfrutar de lo recorrido, de lo vivido ... y de los Juegos. Será el momento de gozar del mayor evento deportivo jamás creado. Son muchos años soñando y pensando en ello y no es plan de desaprovechar la oportunidad. Por supuesto, os iré dando cumplida cuenta de lo que por Río se cuece.

También tenéis que creerme si os digo que esto no lo he conseguido yo sola. Junto a mí, detrás de mí, tanto a la vista como en la sombra, hay mucha gente que me apoya, que me da aliento, que me ha ayudado y me ayuda. Personas, grupos, patrociandores, instituciones. Ellos han estado conmigo y conmigo a Río irán, cada uno a su manera. Vosotros sois parte de lo que me llevo conmigo. No iréis en mi maleta, pero sí en mi corazón y en mi memoria.

Gracias. Nos vemos en Río... Ups, oígo por megafonía "Señora Navascués, dese prisa que el avión va a despegar ...". Hasta luegoooooo.