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riatlón. La propia palabra encierra toda la fuerza de su significado, la dureza de un deporte que es tres en uno. Natación, ciclismo y atletismo se unen para poner al límite a cualquier atleta, sea un olímpico o una niña de siete años.

Saioa De la Iglesia Romero apenas pesa 26 kilos. Tiene una sonrisa amplia que contagia a sus tímidos ojos marrones. Le gusta jugar al escondite y de mayor quiere ser bombera, como su papá. Los lunes por la tarde, cuando termina sus clases de segundo de Primaria en el colegio San Ignacio (Jesuitas) de Pamplona, acude al polideportivo de Olaz, corre a la piscina infantil y pone de cabeza sus 1,37 metros. Al pasar a la zona profunda, cambia las piruetas de equilibrio por 30 largos. Ese día toca natación. Saioa tiene siete años. Es triatleta desde los cinco.

Esta niña es una de los 70 integrantes de 6 a 14 años de la escuela de triatlón del Club Hiruki. Creado gracias a un programa del Valle de Egüés para impulsar una escuela de triatlón desde 1998, es el primer club navarro de esta disciplina. Hoy ya alcanzan los 51 y agrupan a 976 deportistas. De ésos, 470 tienen entre 4 y 19 años, según la Federación Navarra de Triatlón.

“En edades tempranas, lo tienen que ver un poco como un juego tanto en el agua como fuera, y no se nota tanto la disciplina”, afirma la madre de Saioa, la técnico deportivo María Romero Varas, quien junto a su esposo, el bombero Antonio De la Iglesia, dirige los entrenamientos infantiles.

Saioa De la Iglesia, durante un entrenamiento en bicicleta en Egüés.

En esta familia pamplonesa, todos son deportistas. La madre y el padre han sido triatletas. María Romero, de 42 años, se retiró en 2012 tras 14 de competición, los mismos que lleva entrenando. Mikel, el hermano mayor de Saioa, tiene nueve años y también practica este deporte, cuyos entrenamientos se adaptan según la edad y categoría.

Para Eugenio Torrano, de la Federación Navarra de Triatlón, la principal diferencia entre niños y adultos estriba en el rendimiento, ya que los adultos deben afrontar una preparación intensa para completar una prueba que supone distancias largas, independientemente de que suban o no al podio.

“En los niños, el componente es más bien formativo. Es un aprendizaje enfocado en la técnica, aprender a utilizar la bicicleta, aprender la técnica para nadar. El primer beneficio es que dominen varias habilidades distintas para su desarrollo motor, porque están desarrollando equilibrio y coordinación que, justo en esas edades, es cuando mejor vienen”, sostiene Torrano.

Mientras que las distancias olímpicas para un adulto alcanzan los 1.500 metros a nado, 40 kilómetros en bicicleta y 10 km de carrera, la competición se ajusta a las edades con un solo dígito: 25 metros en piscina, 1,5 km en bici y 300 metros a pie para los nacidos a partir de 2006.

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Niños y jóvenes de entre 4 y 19 años practican triatlón en Navarra, según datos de la Federación.


“Para lo que entrenan, es poca distancia, pero terminan muy cansados porque van todo el rato a tope. Intentamos no favorecer ni promover la competición, pero es inevitable porque se pican”, indica María Romero.

Los niños no son los únicos que se dejan llevar por el ímpetu de una prueba que exige un alto grado de resistencia. Carlos Martín Caro, entrenador superior madrileño y triatleta, sostiene que los novatos adultos también sufren en competición hasta que cuentan con suficiente madurez deportiva para dosificar por etapas.

“La gente sabe sufrir en una carrera popular. Más bien hay que frenarles y que se guarden un poco en bici y nadando. Porque lo que suelen hacer es al revés, van muy rápido nadando y en bici y luego corriendo no tienen fuerza”, relata.

Carlos Martín, licenciado en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte, sostiene que la natación es la actividad más difícil por el nivel técnico que exige. Esa es otra similitud entre los atletas adultos y benjamines, que María Romero destaca cuando comenta lo insuficiente de entrenar sólo dos horas semanales.

“Es poco, porque con un día de piscina a la semana les cuesta más aprender la técnica. Intentamos que cada uno se supere a sí mismo e inculcamos que no compitan contra otro. Al ser tres deportes en uno, siempre hay uno que corre muy bien, pero que no nada tanto, o que va mejor en bici, y eso equilibra y hace que haya rotaciones”, explica.

Los adultos aficionados y profesionales se preparan físicamente entre seis y 20 horas semanales. Sus rodillas y hombros son los que más sufren y, aunque trabajan el cuerpo entero, Carlos Martín estima que los cuádriceps son los músculos que más se fortalecen.

A juicio de Eugenio Torrano, las lesiones por sobrecarga entre triatletas no son tan habituales porque la combinación de las tres disciplinas deportivas estimula músculos diferentes.

“El volumen de entrenamiento de los niños es mucho menor que el de los adultos, por lo que no suele haber lesiones por desgaste. Es un ‘súperdeporte’ para ellos, multiplicas por tres lo que suelen ser los beneficios habituales. En los adultos, tampoco suele haber tantas lesiones porque hay mucho movimiento de compensación de los músculos entre sí. Tiene que ser ya gente que entrena muchísimo”, asegura.

“Buscamos que no haya ese vacío del deporte, que se viva en familia desde pequeños porque eso se aprende para toda la vida”.

María Romero

Los niños no sufren tanto. Entre chuches y camisetas, el día de competición transcurre como si fuera un día de juegos. Saioa es una más del grupo, rodeada de sus amigos y su familia.

“Antes, jugábamos todo el tiempo en la calle. Nadabas y pasabas la tarde con los amigos o en la piscina”, cuenta su madre. “Buscamos que no haya ese vacío del deporte, que se viva en familia desde pequeños porque eso se aprende para toda la vida. Y que cuando se es adolescente, que tira tanto la televisión e internet, se esté activo”.